Se transmite de una persona a otra mediante el contacto prolongado a fluidos del cuerpo u objetos infectados de la persona infectada.
El periodo de incubación era de entre 12 y 14 días. Durante este tiempo la persona, que ya tiene el virus, aun no es contagiosa.
Los primeros síntomas son fiebre, malestar, dolor de cabeza y en algunos casos vómitos. A continuación se produce la erupción primeramente en la lengua y luego en la boca. Son manchitas rojas que luego se convierten en llagas. Éstas se abren y grandes cantidades del virus se esparcen por la boca y la garganta. Más tarde pasarán al resto del cuerpo y luego se convertirán en abultamientos. Sobre ellos se formarán costras. Cuando comienzan a caer van dejando cicatrices y la persona es contagiosa hasta que se caigan todas las costras.
Al ser una enfermedad transmitida por un virus, igual que en las enfermedades de las que hablamos anteriormente, no existe un tratamiento para convatirla. La función de los medicamentos es ayudar al paciente a mejorar los síntomas.
Para prevenir era recomendable no permanecer durante mucho tiempo con personas infectadas sin ninguna medida de protección y la vacunación. El descubridor de la vacuna fue el inglés Edward Jenner. Cuando una persona se infecta, se puede hacer que la enfermedad sea más leve aplicando la vacuna en un corto periodo de tiempo. Podía tener efectos adversos graves, por lo que no se vacunaba todo el mundo. Estos eran encefalitis, reacciones tóxicas, eczemas o difusión del virus vaccinia (que está en la vacuna) a otras partes del cuerpo u otras personas.
Aunque el virus está controlado existe una pequeña posibilidad de que vuelva a amenazarnos. Se podría utilizar como arma biológica y tener un desenlace fatal.
